Este artículo fué publicado en el número 5 de Yorokobu (Abril 2010), dentro de la sección “Dando vueltas a lo de siempre“.
Hace unos días estuve en la sección de imagen de unos grandes almacenes. Más allá de las increíbles pantallas y de su espectacular nitidez me llamó la atención “una casualidad” (o no): esta sección está al lado —pero al lado— de la de los ordenadores, casi diría que con una mano puedes tocar una pantalla de TV mientras que con la otra estas tecleando en un ordenador portátil. Me quedé pensando, estuve dándole vueltas un buen rato, y asumí que esto era una señal, un indicio que venía a confirmar como la TV está dejando de ser lo que hoy conocemos y está pareciéndose, cada vez más, a un ordenador con una monitor de 42″. Que la integración entre la TV (tanto en su concepto como en su modelo de distribución) y el mundo digital (ordenador, IPTV, descarga de contenidos… etc.) se ha producido, es ya más que una realidad.
Si ahora estamos asistiendo a lo que se denomina convergencia de medios y al consumo de contenidos en cualquier lugar y en cualquier momento, la TV no puede volver la cabeza a este hecho, ya que tiene el honor de ser el medio desde el que se consume mayor cantidad de contenidos y al que se dedica más tiempo (aunque esta afirmación queda cuestionada en países como UK, al ser Internet el medio con mayor tiempo dedicado).
Recientemente, Antena3 ha firmado un acuerdo con Samsung de forma que el usuario, pulsando un botón en su mando a distancia puede acceder a un “portal” de contenidos ofrecidos por esta cadena de TV. De momento se trata de un ejemplo incipiente y que dejará en breve de ser una tendencia para convertirse en una realidad. Todas las cadenas querrán tener “su botón” en nuestro mando a distancia. En EE.UU. ya disfrutan de plataformas como Hulu (NBC, ABC y Fox) o Netflix, desde las que es posible ver series y películas seleccionadas por el usuario –o recomendadas por la propia plataforma– a un coste muy aceptable, incluso con modalidades de “pago único, para ver todo lo que quieras”. Apple ya se hizo un hueco en algunos salones de las casas con su AppleTV desde el que, junto con iTunes, también es posible ver una película casi de estreno, tumbados en el sofá, además de tenerla también en el ordenador o en el iPhone, por si no nos ha dado tiempo a terminar de verla.
Uno de los últimos en querer hacerse un hueco en este campo es Google, que junto a socios como Sony, Intel y Logitech está trabajando en el proyecto Google TV. Palabras mayores.
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Recuerdo que desde hace algún tiempo, cada año se dice que ese será el año del móvil, que será el despegue del Mobile Marketing, que nos cambiará la vida, y todas esas cosas que se dicen cuando comienza un nuevo año y es hora de hacer predicciones para adivinar que será lo que nos depararán los siguientes 12 meses. No se si es porque no hay muchas más opciones, porque es la más socorrida o porque en realidad queremos el móvil sea el dispositivo del futuro, pero al final todo se acaba quedando en un ejercicio de buenas intenciones.
En medio de todos estos cambios, algunos previsibles y otros nada queridos, están las agencias de publicidad. Y digo “solo” agencias de publicidad porque creo que a estas alturas cada vez más, carece de sentido, añadir los calificativos de digitales, interactivas, de marketing directo o de social media. De una forma u otra todos los medios, todos los soportes están pasando por su fase de digitalización, y lo que traerá consigo es que las piezas, y los mensajes y contenidos también pasen por su correspondiente adaptación y, como consecuencia, las agencias tendrán que vivir en un espacio digital, lo hayan elegido o no.