Cuando los intranets corporativos no se limitan por el temor y normativas, el tipo de conversación que promueven resulta notablemente parecido a una conversación de los mercados conectados en red.
Cuando los intranets corporativos no se limitan por el temor y normativas, el tipo de conversación que promueven resulta notablemente parecido a una conversación de los mercados conectados en red.
Aunque esto asusta mucho a las empresas, también dependen en gran medida de estos intranets abiertos para generar y compartir conocimientos críticos. Necesitan resistirse a la tentación de “mejorar” o controlar estas conversaciones.
Un intranet saludable organiza a los empleados en varios sentidos de la palabra. Su efecto es más radical que la agenda de cualquier sindicato.
Los intranets tienden a centrarse en el aburrimiento. Los mejores se construyen desde abajo por individuos participativos que cooperan para construir algo mucho mas valioso: una conversación corporativa interconectada.
Las compañías instalan sus intranets desde arriba para distribuir sus políticas de recursos humanos y otra información corporativa que sus trabajadores están tratando de ignorar.
Estas conversaciones se llevan a cabo a través de los intranets corporativos. Pero sólo cuando las condiciones son favorables.
Tal como en los mercados interconectados, las personas también se comunican entre sí directamente dentro de la compañía — y no solamente hablan acerca de las reglas y regulaciones, la linea oficial, rentabilidad.
Uno no puede hacer cosas extraordinarias si lleva una vida ordinaria.
Las compañías han hecho una religión de su seguridad, pero esto no sirve de nada. La mayoría se protegen menos en contra de sus competidores que de su propio mercado y fuerza de trabajo.
Las compañías que no pertenecen a una comunidad de diálogo, morirán.
La comunidad del diálogo es el mercado.
Las comunidades humanas se basan en el diálogo — conversaciones humanas acerca de inquietudes humanas.
Si su cultura acaba antes que comience su comunidad, entonces no tendrán mercado.
Las empresas deben preguntarse a sí mismas hasta dónde llega su cultura corporativa.
Pero primero, deben pertenecer a una comunidad.
Para hablar en una voz humana, las empresas deben compartir las preocupaciones de sus comunidades.