Parece que ahora hay tres palabras de moda. Tres palabras que son las que más se oyen. A veces se dicen con razón, y otras porque encajan bien en un discurso o una presentación. En muchos casos su uso es justificado y en otro es retórica. Crisis, oportunidad e innovación. Esas son las tres palabras que están en boca -y teclados de todos- Parece que tienen que ir juntas. Que tener una oportunidad es sinónimo de crisis, o que si se desea innovar tiene que haber una oportunidad, o estar en un contexto de crisis. Como siempre pasa, de todo lo que hay, cada uno lo puede emplear e interpretar a su antojo.
Pero lo más llamativo es cómo estas tres palabras se han puesto de acuerdo para que aparezcan en titulares de revistas, blogs, periódicos, televisión, etc. llegando a rozar incluso un poco la saturación. Acabo de terminar de leer la revista IPMARK (en papel) y he visto artículos (en plural) y entrevistas (en plural) e incluso un editorial en el que la innovación era el tema principal de todo ellos.
De las tres palabras, la que más me hace pensar es la innovación. Resulta que ahora muchos se quieren subir a “este tren” y decir que si es un buen momento para innovar, que cuando hay crisis lo mejor es innovar, que la salir de esta situación hay que innovar… Pues no.
La innovación es una forma de vida, una forma de trabajar, una forma de pensar, una forma de hablar con los clientes, con la competencia y con los que trabajan en ello. Parece que sólo se innova cuando viene bien: ahora sí, ahora no; ahora un poco, ahora nada… La innovación, como otras cosas en la vida, es algo continuo, constante un hábito, es como el que hace todos los días ejercicio, porque quiere correr una maratón o porque quiere estar en forma. Pero, desde luego, no se plantea una semana antes de la carrera, prepararse para correr. Un objetivo como ese, requiere de un esfuerzo diario, continuo, una disciplina de ser constante de superar días malos, de repartir las fuerzas, y también de evaluar resultados pasados y estudiar cómo afrontar los nuevos.
Ahora resulta que muchos que habían oído la palabra innovación, el algún spot de TV, anuncio en prensa, o político y la hacen suya y dicen que son innovadores porque es lo que toca, porque de esta crisis solo salen los innovadores, porque lo innovadores vencerán… Pero veremos a ver si dentro de 2 años, cuando todo esto haya pasado siguen pensando en lo mismo. Si deciden mantener un departamento de investigación/innovación con un equipo y un presupuesto. Veremos si realmente quieren que toda una organización respire innovación, desde el último becario hasta el presidente-fundador. Eso sí, siempre queda bien hablar de los ejemplos más bonitos: que si Apple, que si Google que si el iPod… es decir casos que son el resultado de un giro de mentalidad y de una creencia de que la innovación no es sólo una palabra para un titular o una presentación. Por supuesto que detrás hay un modelo de innovación que se sigue, un equipo que lo hace posible, pero por encima de todo hay un “ecosistema de innovación”.
Es mejor no utilizar las palabras por su apariencia, sino por su contenido, por su significado. La innovación debería de estar en todo lo que hacemos desde que nos levantamos, hasta el final del día, y en todo tipo de tareas. La innovación, sea abierta o cerrada, esté orientada a productos, procesos, servicios, o tecnología, sirva para acceder a nuevos mercados o cómo llevar al cliente una nueva oferta comercial es una forma de pensar y de hacer las cosas “de otra manera”.
Las empresas está concebidas para repetir aquello que saben hacer bien, y por eso “para qué cambiar”. Innovar significa cambios, movimiento y hacer cosas que no se han hecho. Y por supuesto equivocar, y mucho. Esto, sin duda, choca de forma clara con la mentalidad que existe en muchas empresas, acostumbradas a repetir de forma continúa el mismo patrón. Ya se sabe, la famosa frase de “si funciona, mejor no tocarlo”. Hasta que llega un día que deja de funcionar.
Hace unos días (gracias Javier) en una de las biblias para estar al día de la innovación, el Business Week, se empezaba a cuestionar si la palabra innovación y su significado no estaba ya infravalorado, debido a su excesivo uso. Incluso el autor propone un nuevo concepto, más difícil de corromper: la “transformación“, y que refleja el verdadero significado de la innovación: en cambio, tanto el que ya estamos experimentando, como el que tendremos que llevar a cabo si queremos seguir existiendo.
Ahora que llegan los días de descanso, de playa y piscina, te recomiendo un par de libros, si te gustan estos temas: Innovación abierta, de Henry W. ChesBrough (Ed. Plataforma); e Innovacción (sí, con dos ces), de Franc Ponti (Ed. Granica).
Seguro que cuando vuelvas de vacaciones te haces algunas preguntas, que ni pensabas cuando te fuístes… y eso, es empezar bien el nuevo curso.