Aunque a muchos les gustaría, y a otros les parecería algo fantástico, es importante señalar que no se puede pretender —ni forzar— que una marca se comporte como una persona, por muchos que algunos se empeñen.
El primer error a la hora de llevar a cabo esta “adopción de personalidad” es que una vez realizada, ya no tendríamos una marca, sino una persona disfrazada de marca. O un híbrido de marca-persona. Casi nada.
Si en los tiempos en los que estamos, se cuestiona la presencia de las marcas en las redes sociales, su utilidad y sobre todo sus intenciones, añadamos el componente de una persona que se hace pasar por una marca… o mejor dicho dicho una marca que quiere comportarse como una persona… en fin… el lío está asegurado.
Cuando me refiero a marcas que quieren ser personas, pienso que esas que lanzan mensajes a través de twitter, Facebook o similares tratando de ser guays, queriendo caer bien a todos, hablando de buen rollito, y además de que estos mensajes no tienen contenido, llegan incluso a ser contraproducentes para las pocas acciones positivas que puede estar haciendo la marca. Más que sumar, lo que hacen es restar.
A ver… no nos engañemos… una marca es una marca. Punto. Quiere que compres sus bebidas, te hagas cliente de su planes de precios, compres sus pantalones o zapatillas, viajes en sus aviones, utilices su ordenador, laves los platos con su producto, pongas su gasolina a tu coche, etc. Eso es así. Y mientras, por el camino lo pueden poner muy “suave” y que apenas duela… pero es así.
Cuando una marca tiene que recurrir al “que bonito día hace, es perfecto para tomarte una <nombre_de_bebida>” o “hoy estamos supercontentos, por fin es viernes”… sencillamente es que apenas tiene otra cosa que decir. Así de claro. Cosas como brand-content, brand-narrative o storytelling no va con ellos. Simplemente han decidido (o su agencia) que había que estar en las redes sociales, y dicho y hecho. Ni siquiera es culpa de “community-manager” que bastante tarea tendrá con pensar “y hoy qué puedo poner… y hoy qué puedo decir…”. La combinación de “tenemos que estar en Facebook” más “no tengo nada que decir” trae estas consecuencias.
¿Realmente una marca quiere estar presente en estas herramientas de conversación para decir estas cosas? Pensémoslo un momento…


El pasado día de 20 enero finalizó una de las estrategias de “social media” que más ha dado que hablar durante los últimos meses, y que a la vista de todos está, ha tenido unos resultados inmejorables, al menos para su protagonista.